Pero es que tengo miles de recuerdos con él, miles de conversaciones que reheleo una y otra vez, para torturarme. Quiera o no, le tengo que ver y eso no ayuda. Sé que cada vez que vuelvo a los recuerdos es un paso atrás, pero me da igual. Me da igual retroceder lo que haga faltar para pensar en esa maravillosa sonrisa que tenia por su culpa, para pensar en los únicos besos que me han llegado a hacer feliz, para pensar en esos nervios que me hacia tener.
Sé que siempre nos ocurre lo mismo. Siempre termina volviendo a mí y eso supone dolor, pero me gusta. Sí, me gusta que en el fondo, aunque sea realmente en el fondo, me quiera. Me gusta cada palabra que dice, mi sonrisa al hablar con él, la euforia que tengo después de tan sólo haber estado a unos centímetros de él, aunque ni siquiera me haya dirigido la palabra. Me gusta recordar aquellos besos e imaginar momentos con él, con miles de besos, de caricias, de palabras, de sonrisas. Me gusta que me mire, que piense en mí, esa sonrisita que apenas muestra. Me gusta como me siento a su lado, y mi sonrisa en esos momentos. Me gusta él, únicamente él.

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