Jamás me creí capaz de verle y no quedarme mirándole como una tonta, de no echar de menos cada beso, de no odiar a cada chica que se le acerca. Jamás creí que desaparecería ese extraño cosquilleo en mi estomago al hablarle. Jamás creí que podría olvidar cada momento a su lado, cada beso, cada mirada, cada palabra, cada caricia… cada sentimiento. Ahora sí me veo capaz, pero sólo me voy a olvidar de él, como un día me pidió, no de los momentos más felices de mi vida. No sé si realmente quiere que le olvide o no, pero lo estoy consiguiendo y cuando lo consiga, volverá. Siempre vuelve pidiendo cariño y yo siempre termino dándoselo. Pero ahora, por una vez, las cosas van a ser distintas.
Colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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