Apenas pido. Le he perdido y sé perfectamente, por desgracia, lo que es que no te quede nada de él después de haberlo dado todo. Sé lo que es el verle y no poder ni mirarle.
El tener que guardarte la cantidad de “te quiero” que le dirías al día. El mirar sus labios y no poderlos besar. Sé lo que es haber perdido lo que más has querido.
Por lo tanto, desde entonces, sólo pido una mirada. Una mísera mirada.

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