1.7.11

No es un adiós, es un hasta luego.

Un beso, y otro, y se suma un abrazo y una mirada triste. Más otro beso y un "te amo". Una despedida sin final, con la esperanza de que ocurra algo que le obligue a quedarse. Pero ve que no pasa nada, que se va a ir y sus ojos cada vez se nublan más. Pero no quiere llorar, no delante de él para que se vaya mal e intenta poner su mejor sonrisa, pero apenas consigue una mueca. Le da un beso a esa chica triste y ella le mira, baja la mirada y se va. Ni siquiera se vuelve, sabe que no podría verle alejarse. Todo a su al rededor desaparece, va a su ritmo a casa, sin prisas, con los ojos encharcados de lágrimas que intenta retener. Va mirando al suelo, se siente vacía, sola... Llega al portal pero no entra, no quiere, no la apetece. Y se sienta en el pollete, con las lágrimas cayendo por las mejillas, sin importarle quien pase, quien pueda verla, quien pueda hablar o preocuparse de ella. Le da igual todo. Y se queda ahí, con aún la esperanza de que aparezca, pero ya es tarde. Ya no hay marcha atrás, ya se ha ido.

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